Alicia Bon / María Soledad Morales

“Duerme tranquila, niña inocente,
sin preocuparte del bandolero,
que por tu sueño dulce y sonriente
vela tu amante carabinero”. (Las Tesis, 2019)

Estar en el momento inadecuado, en el lugar inoportuno. Alicia Bon en 1944 y María Soledad Morales en 1990, mueren con 17 años fruto de un acto de violencia vinculado a una relación sentimental con un hombre mas mayor (31 años tenía el novio de Alicia y 28 el de María Soledad). Ambos además de la diferencia de edad (que ya sabemos no importa) se caracterizaban por estar bien situados social y políticamente (hecho significativo en el Chile de los años cuarenta y relevante según que geografías de Occidente y Oriente). *

Alicia Bon / María Soledad Morales

Las dos adolescentes tenían ambiciones propias y aspiraban a dejar atrás sus humildes barrios en Santiago de Chile y San Fernando del Valle de Catamarca en Argentina respectivamente.
Las imágenes que han trascendido de ellas son fotografías casuales, poses para álbum de familia como recuerdos de momentos especiales. Sobre ellas las referencias periodísticas destacan su atractivo y recrean / reconstruyen la biografía a raíz de su trágico fallecimiento como suele ocurrir en todos estos casos. Lo demás, es una sucesión de patrones que se repiten.
Los descampados, el no-lugar que diría Marc Augé (donde se hallaron los cadáveres o se comete el asesinato) se convirtieron bajo la consigna de la tradición popular en lugares de veneración donde se producían milagros. Las animitas renombran los escenarios de sus tragedias asociándolos a lo paranormal.
Además como afirma la antropóloga María Julia Carozzi “Un primer conjunto de interpretaciones de las canonizaciones populares ha contribuido a extraer a los difuntos milagrosos del marco interpretativo provisto por la tradición católica poniendo el acento en su articulación con la resistencia a situaciones de dominación, la revancha simbólica de los pobres o la desnaturalización del orden social por parte de los sectores populares”.

Alicia Bon, en el sector de Pedreros, en las cercanías del Estado Monumental. Conmemora el asesinato de la muchacha ocurrido 1944,
en un controvertido caso de la época.
María Soledad, en la ruta nacional N° 38, en el acceso al campo de deportes del Club Parque Daza, en Villa Parque Chacabuco,
sobre los límites de Valle Viejo y el departamento Capital.

A pesar del salto temporal de 46 años de diferencia, los dos crímenes se caracterizan porque ninguno se terminó de aclarar. Justicia y feminicidio pocas veces convergen. Así mismo como suele suceder, los asesinatos de Alicia y María Soledad dieron lugar a grandes titulares mediáticos, versiones contradictorias y polémicas revelaciones aún hoy con muchas lagunas. Además hay otro factor común que me parece relevante para reflexionar: las marchas de protestas encabezadas por mujeres para reclamar la injusticia.

Este factor en común en el caso de Alicia y María Soledad, revela el fenómeno de las marchas del silencio como forma de reivindicación feminista que ha ido evolucionando, siendo replicado en otros tipos de protestas de la sociedad civil.

Marcha por Alicia Bon,1940
Marcha por María Soledad, 1990

Las manifestaciones se generaban espontáneamente bajo la impronta de la sororidad. Las marchas clamaban justicia y movilizaron a la población de su tiempo para esclarecer los asesinatos que una autoridad heteropatriarcal y oscurantista evitaba investigar con equidad. De las marchas por el asesinato de Alicia Bon se tiene constancia por la prensa de época que lo refleja en borrosas fotografías en blanco y negro. Mas repercusión tuvieron las multitudinarias marchas del silencio en Catamarca encabezadas por la hermana Martha Pelloni de Congregación de Carmelitas Misioneras Teresianas, directora del Colegio del Carmen y San José donde estudiaba 5° año, María Soledad Morales. En unas declaraciones a Hector Gambini del diario Clarín en septiembre 2015 contó “El día de la primera marcha me vino a ver el jefe de Policía de Catamarca y me tuvo ahí, como retenida en mi despacho de la dirección del Colegio, mientras me explicaba las tres hipótesis que ellos tenían del crimen de María Soledad: que era una cosa pasional con algún novio, que la había matado un tío de ella que era carnicero o que la había atacado una secta que la mató y tiró su cuerpo en la ruta cuando se iban de Catamarca. Yo escuchaba y no decía nada. Todo me parecía muy raro. Sólo les dije a las chicas que quisieran ir a pedir justicia que fueran, pero en silencio. Y que les pidieran a sus padres que las acompañaran. Y a los docentes. Esa primera marcha fue a la mañana. Fueron todas las chicas menos una, que era hija de un policía y como veía que el jefe de la Policía estaba en el colegio no se animó”.
A pesar de la presión del entorno se realizaron mas marchas algunas integradas por mas 30.000 personas. El negro a modo de representación del luto.

Manifestarse sin violencia, gritar lo justo, utilizar el signo como gesto, el rostro y el cuerpo como instrumento, el movimiento con energía que desplaza, aproxima y evidencia.

Madres de la Plaza de Mayo, Argentina
Manifestación Santiago de Chile, 2019

Sabemos de marchas del silencio de reivindicaciones políticas (Colombia 1948, México 1968 o Uruguay 1996) pero escasamente se ha decodificado las movilizaciones feministas bajo estas premisas pacifistas y menos en los casos de feminicidios. Desfiles como los de los carnavales y los desfiles militares utilizan la indumentaria y la coreografía como gestos de representación y poder. Aquí, como en las peregrinaciones religiosas se trata de caminar junto la otra persona y compartir en la cadencia del avance, el dolor inconsolable y la energía del cambio. Desde el 30 de abril de 1977, las Madres de la Plaza de Mayo reunidas en la plaza de la ciudad de Buenos Aires decidieron adoptar el pañuelo blanco en la cabeza como distintivo para identificarse como grupo en la Peregrinación a Nuestra Señora de Luján. En 2019 la performance “Un violador en tu camino”, creada por el colectivo de artistas chileno LasTesis usó símbolos y referencias de la policía uniformada, los Carabineros, para componer su letra y coreografía, y el verde fue incluido como consigna y bandera en relación a la lucha por el aborto libre.

Marchar, caminar juntes, es también una forma de no olvidar.

Nekane Aramburu

*Consultar biografías en el apartado: “Archivo” de la web